Expediente número 23: Vuelven los quejidos e intensos gritos nocturnos, la movilidad es pobre, la boca permanece abierta como si constantemente tuviese hambre o careciera de oxígeno. Visibilidad casi improbable. No percibe a las personas a su alrededor a pesar de esos inmensos ojos pardos, no teme a nada pues aún es leve su conocimiento de lo externo.
He pasado quince años de mi vida, ejerciendo como doctor, la verdad ahora no sabría que otras reacciones esperar de mi persona pues nunca me acostumbre a ser un agente insensible con el sufrimiento de mi paciente, he de admitir que doctores como yo ya no hay. No es que trate de ser superior a los otros pues a lo mejor esa metodología de simplemente tratar de resolver la enfermedad aplicando un diagnóstico adecuado y dando las medicinas factibles para su uso es lo que se debería realizar para entablar una relación profesional entre paciente y doctor.
Me era imposible evitarlo pues aquella criatura tenía uno de los muchos males que aún en la medicina se nos hace tan desconocidos para curar, las enfermedades suelen ser terminales y está no es una excepción, pues se presento este caso en una situación muy común. Jóvenes enamorados tratando de demostrar su amor a través del convencionalismo de entregarse el uno al otro sin conocer los antecedentes previos de la pareja, así se dio la terminación de una relación de pocos días y la concepción de una criatura que ahora tiene 5 meses de nacida. Lo mucho que perjudica la decisión entre dos personas.
Estaba en un cuarto particular, en su respectiva cuna. Su madre ya no la visitaba con frecuencia, le tenía miedo, su aspecto no era favorable en lo absoluto y su mayor fobia fue su nacimiento, el saber que en todo ese tiempo tuvo, “esa cosa metida en mis entrañas alimentándose plácidamente”. Solo podía recordar sus palabras y el hecho de saber que si ella hubiese tenido la oportunidad, el aborto era la opción más benévola que le ofrecía a una criatura como tal.
El nombre de la enfermedad me parecía irrelevante pero a ciertas personas les da curiosidad el saber qué tipo de características debía de tener para ser reconocido como un arlequín. Recuerdo que siempre tuve una fascinación por aquellos personajes pues de joven solía ir al teatro y un día me tope con uno de atuendo colorido, una máscara que le cubría totalmente el rostro y un sombrero que solía variar a preferencia del público de lo cual disfrutaba más el que tenía tres puntas abiertas como una cáscara de banana al revés, que se ajustaba perfectamente a la cabeza de este individuo. Al contrario de ella, que su condición no ponía ninguna sonrisa en mi rostro y su intención no era hacerlo, todo su cuerpo estaba compuesto de escamas, de protuberancias, que la hacían difícil de cuidar pues nadie quería acercarse a ella, por otro lado yo, dentro de todo ese lapso, estuve a su lado y trate de cuidarla como pude, no creo poder hacer más por ella.
Se quebraron todos los cristales, el caos ha iniciado, las personas en los pasillos desaparecen ante la conmoción, aún no se sabe si ha sido un terremoto, una explosión o un atentado por los impuestos que aún no se pagan. La niña debe estar aterrada, lo primordial es sacarla de aquí y ocuparnos del resto luego. Al llegar a la habitación y revisar la cuna no la he encontrado, solo hay rastros de piel carcomida, de escamas expuestas, un poco de baba espesa mezcladas con sangre, como si la piel se le hubiese desprendido. Ni un rastro de la bebe.
De repente he podido divisar la imagen de una joven, de piel pálida, cuerpo de doncella con una bata blanca que al parecer recién había adquirido, con cabellos plateados y aquellos ojos que la han delatado. Ha notado mi presencia y yo la he percibido completamente, sé quién es, se que ahora todo está perdido pues se la verdad de su origen y además presiento el propósito de su cambio pero ya es demasiado tarde, ella se aleja mientras por otro lado mi cuerpo suda, mis pupilas se nublan, pierdo el equilibrio y así mis obras son recompensadas, todo es caos, todo es silencio.

Me gusta el juego que haces con la experiencia de tu personaje con los arlequines. Por un lado, los que sirvieron alguna vez de bufones y por el otro el caso médico de la ictiosis. Creo que hay algo que corta la historia un poco. El penúltimo párrafo es un poco forzado, parecería que quieres acabar pronto con la historia lo que hace un que el final revelador no tenga mucho efecto.
ResponderEliminarTendría más efecto si alargaras un poco en cuanto al contacto que tiene el médico con la criatura porque sólo mencionas el justificativo del doctor que no es insensible a pesar de que la mayoría de doctores lo es. El acercamiento del doctor con la criatura tendría más justificativo para el final que está muy bueno, fantástico y epifánico.
El relato parece un sueño, es una historia fantástica muchas veces contada (el patito feo, la cenicienta, etc).
ResponderEliminarEl título ya me cuenta el final, lo que le quita la sorpresa. A medio camino de lectura ya puedo descartar el resto.
Un doctor con tono depresivo y cuestionador, que además parece habitar solo en el hospital, es poco creíble (ya lo contó Alfredo Noriega en De que nada se sabe).
Releyendo el cuento, no le encuentro ninguna sorpresa al final, es como obvio y la actitud del doctor es indescifrable.
Hay cosas que no tienen sentido o no las entiendo: las enfermedades suelen ser terminales? eso no es verdad, al menos no todas las enfermedades. EL salto a la explosión me perece muy brusco.
ResponderEliminarNo sé donde esta lo revelador, esperaba que quien me contaba la historia fuera aquella niña monstruo o algo así.