-¡Lo quiero ahora!- los gritos del anciano se volvían cada vez más estrepitosos y los empleados dejaron de escuchar sus quejas, ya había salido su orden y frente a él se encontraba la cabeza de una vaca servida en una bandeja, sus ojos aún abiertos en donde aún yacía la imagen de su asesino que ahora gastaba sus últimas ganancias en whisky.
-No me escucharon, ¿verdad? ¡Quiero mi orden, ahora!- exigía nuevamente mientras sus manos dieron ciertos golpes en cada extremo de la bandeja, haciendo que la cabeza perdiera su equilibrio y cayera al piso, se escuchaban leves mugidos pero ninguno proveniente de su comida.
-No desperdicie la comida, ¡no!- gritaban las personas a su alrededor, que sin dudarlo se aproximaron hacia la res y empezaron a devorar vivazmente su rostro dejando la lengua que aún estaba intoxicada por los restos de heno envenenado que le habían dado aquella mañana.
-Malditos animales, ahora ya no tengo dinero para comprarme una comida decente- refunfuñaba el viejo mientras observaba como el gentío se relamía los dedos temerosos ante estas nuevas sensaciones que los tentaban a devorarse o fornicar entre ellos, por aquel dulce aroma que emanaban las recientes feromonas adquiridas por la satisfacción de su caza.
Al salir éste del local percibía la pestilencia que provenía de una puerta en donde observaba con mucho detenimiento las palabras amarillentas de área restringida pero como él se excusaría por su deficiencia visual y al no haber ningún empleado cerca, se arriesgó a entrar para así al menos, llevarse algo a su casa.
-Malditos perros, como apesta- susurraba para sí, mientras seguía su camino aproximándose a un horno, oculto tras un pilar podía observar como cada empleado empezaba a realizar los procedimientos más meticulosos para matar a las vacas y poder sacar los nutrientes esenciales de estas. La boca le salivaba mientras ante cada escena ya podía sentir como mordía las carnes de cada una, un ruido le delato, como era de esperarse, lo atraparon.
-Tranquilo anciano, usted nos servirá- sonrió el gerente con algunos empleados y guardias del local que habían entrado. De repente apareció una joven con un cuchillo y empezó a clavarlo gustosamente en la piel del anciano, gritando con deleite mientras el pobre había quedado inmóvil ante sus acciones y sus quejidos fueron tan leves que quienes escucharon, pensaron que en un baño se encontraba alguien desocupando el estómago.
A la siguiente orden, un cambio surgió en el ambiente, las bandejas cayeron al suelo y el primer cliente en la fila recibió sin costo una hamburguesa del tamaño de su mano junto con unas papas fritas y una cola, todo puesto ordenadamente frente a este que al dar el primer mordiscó retrocedió y muy calladamente se sentó en un rincón, las bestias se iban convirtiendo lentamente en gente civilizada, mientras las muertes ahora venían en combos.
Entre suspiros y leves tormentos por odiar como desperdicio tiempo al dormir, te advierto un sin número de veces como trasnochar se torna justificado.
jueves, 28 de julio de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
El último dinosaurio
Al romperse el ventanal, el dinosaurio se despertó y al darse cuenta de que esta sería la última oportunidad de ser el protagonista, se volvió a dormir.
Mano Negra
El protagonista, un joven de treinta años, (el narrador tiene 40 y quiere simular que aún puede considerarse joven) con problemas de atención y actualmente ejerce su profesión como detective. Su apodo es mano negra (el narrador no quiere darle una identidad pues piensa que su detective podría perder su encanto si llegase a poner un nombre común o un nombre banal aunque ya considera que ha cometido errores y tampoco los justificará) y su primer oficio será seguir el rastro de un acosador que ha estado molestando a la hija del alcalde (Nuestro narrador está muy acostumbrado a observar a las familias de los políticos ser quienes salen más perjudicadas que los mismos).
- Mano negra, te he llamado porque Clara siente que va a morir pronto
- ¿Cómo es eso señor, por qué ella tendría un presentimiento como tal?
- Recientemente ha recibido cartas en donde una persona ha estado confesándole un amor que siente que la perjudicará a largo plazo.
(En este momento el narrador se detiene y oculta la escena para que no se vean las cartas en donde su detective conocerá a profundidad el problema).
- Clara tiene razón señor, lo mejor será empezar a encontrar a este individuo pues si las cartas continúan como las últimas no creo que ella siga con vida por más de una semana.
(El narrador recuerda esa frase de su médico que se la dijo tan cordialmente hace 6 días, 23 horas y 58 minutos)
Mano negra sale a la calle y empieza a rebuscar en su bolsillo las cartas, observando con detenimiento las fechas, direcciones, escrituras que podrían ayudarle para su investigación. De repente observa una cafetería, el aroma le atrae y decide detenerse a descansar para así luego preocuparse en Clara (Al narrador le ha provocado café y se ha preparado una taza para así continuar).
Un expresso ha llegado a su mesa y con apuro se lo ha terminado, ha dejado las cartas revueltas alado de la taza vacía y se ha ido. Al ir paseando nuevamente por la calle, se encuentra con un antiguo compañero de habitación y este ha decidido invitarle a cenar con su familia, mano negra no se ha negado y entre las conversaciones ha quedado muy complacido con saber que ha conseguido su primer trabajo de investigación (El narrador ha dejado en ridículo a su personaje por haber perdido las cartas, los siete días se cumplen y antes de morir piensa en Clara).
- Mano negra, te he llamado porque Clara siente que va a morir pronto
- ¿Cómo es eso señor, por qué ella tendría un presentimiento como tal?
- Recientemente ha recibido cartas en donde una persona ha estado confesándole un amor que siente que la perjudicará a largo plazo.
(En este momento el narrador se detiene y oculta la escena para que no se vean las cartas en donde su detective conocerá a profundidad el problema).
- Clara tiene razón señor, lo mejor será empezar a encontrar a este individuo pues si las cartas continúan como las últimas no creo que ella siga con vida por más de una semana.
(El narrador recuerda esa frase de su médico que se la dijo tan cordialmente hace 6 días, 23 horas y 58 minutos)
Mano negra sale a la calle y empieza a rebuscar en su bolsillo las cartas, observando con detenimiento las fechas, direcciones, escrituras que podrían ayudarle para su investigación. De repente observa una cafetería, el aroma le atrae y decide detenerse a descansar para así luego preocuparse en Clara (Al narrador le ha provocado café y se ha preparado una taza para así continuar).
Un expresso ha llegado a su mesa y con apuro se lo ha terminado, ha dejado las cartas revueltas alado de la taza vacía y se ha ido. Al ir paseando nuevamente por la calle, se encuentra con un antiguo compañero de habitación y este ha decidido invitarle a cenar con su familia, mano negra no se ha negado y entre las conversaciones ha quedado muy complacido con saber que ha conseguido su primer trabajo de investigación (El narrador ha dejado en ridículo a su personaje por haber perdido las cartas, los siete días se cumplen y antes de morir piensa en Clara).
jueves, 14 de julio de 2011
Pictórica
Semen con sangre.
En tu nacimiento, no emitiste ningún sonido de llanto, no hubo rastro de calvicie o cuerpo frágil. Te presentaste fuerte mientras pisabas el caparazón marítimo que te había acuñado, pues naciste entre las olas. Fuiste engendrada para dar amor y hasta hoy has enamorado ya a tantos con tu belleza seductora, logrando propagar la masturbación.
Horas.
Y así los relojes se derriten, las manecillas no giran, el tiempo se torna ilimitado, esperando a que mi prometida llegue.
Gritos.
¡AAAAAAAAAAAH! , grita.
¡AAAAAAAAAAAAAH!, gritan.
El museo, la biblioteca, la iglesia, la clase, la reunión de aniversario, la boda de tu ex amante, el enterarte de que tu esposa no es huérfana, no lo olviden.
¡AAAAAAAAAAAAAAH!, gritemos.
Máquina de nubes.
Las contemplaba desde la cima, danzando ante mí, incitándome a tocarlas, detrás no hay nada más que espectadores que tratan de ver lo que observo con tanto ahínco. He decidido paralizarme eternamente para no dejarlas nunca solas. Meneando sus cuerpos exóticos, nuevamente convirtiéndose en lluvia, evaporándose y regresando a mí más hermosas. Pero lo cierto es, que ustedes me controlan, soy un mero disfraz que aparenta estar enamorado, pues sufro un castigo como Prometeo. De mis ojos agujerados salen estas ingratas que advierten que si me voltease quien me vea ocupará mi lugar, solo que como soy mudo no puedo quejarme.
La Lisa está mona.
Sonrío pero no para ti. Me ves hermosa, me veo hermosa. Sabes que me deseas pues yo misma me deseo. Me contemplas con tus ojos, me contemplo en tus ojos. No habrá mayor dicha para mí si no sufres por mí. Así que sufre, sufre más, pues nunca lograrás obtener mis secretos. Sonrío, tú mueres.
En tu nacimiento, no emitiste ningún sonido de llanto, no hubo rastro de calvicie o cuerpo frágil. Te presentaste fuerte mientras pisabas el caparazón marítimo que te había acuñado, pues naciste entre las olas. Fuiste engendrada para dar amor y hasta hoy has enamorado ya a tantos con tu belleza seductora, logrando propagar la masturbación.
Horas.
Y así los relojes se derriten, las manecillas no giran, el tiempo se torna ilimitado, esperando a que mi prometida llegue.
Gritos.
¡AAAAAAAAAAAH! , grita.
¡AAAAAAAAAAAAAH!, gritan.
El museo, la biblioteca, la iglesia, la clase, la reunión de aniversario, la boda de tu ex amante, el enterarte de que tu esposa no es huérfana, no lo olviden.
¡AAAAAAAAAAAAAAH!, gritemos.
Máquina de nubes.
Las contemplaba desde la cima, danzando ante mí, incitándome a tocarlas, detrás no hay nada más que espectadores que tratan de ver lo que observo con tanto ahínco. He decidido paralizarme eternamente para no dejarlas nunca solas. Meneando sus cuerpos exóticos, nuevamente convirtiéndose en lluvia, evaporándose y regresando a mí más hermosas. Pero lo cierto es, que ustedes me controlan, soy un mero disfraz que aparenta estar enamorado, pues sufro un castigo como Prometeo. De mis ojos agujerados salen estas ingratas que advierten que si me voltease quien me vea ocupará mi lugar, solo que como soy mudo no puedo quejarme.
La Lisa está mona.
Sonrío pero no para ti. Me ves hermosa, me veo hermosa. Sabes que me deseas pues yo misma me deseo. Me contemplas con tus ojos, me contemplo en tus ojos. No habrá mayor dicha para mí si no sufres por mí. Así que sufre, sufre más, pues nunca lograrás obtener mis secretos. Sonrío, tú mueres.
miércoles, 6 de julio de 2011
Sus palabras no son mías
Computadora: Iniciando sesión desde el botón ubicado en la parte inferior de la pantalla que de su ilustre color negro se torna multicolor con el logotipo de Windows que irónicamente me dice: “Bienvenido, esperamos encuentres un vicio permanente en nosotros y nunca jamás puedas respirar si no nos usas”. Pasan varias horas, el cansancio se evaporiza y los recuerdos son borrosos, giro mi mirada al reloj y ha logrado nuevamente volver a atraparme entre el photoshop y los videos del youtube. Ya he escuchado de varios casos de personas que mantienen su computadora lo más cerca posible, ya el papel ha quedado olvidado. Me pregunto: ¿Llegará el día en que cuando entre a un SuperPaco, busque los materiales de clase y me encuentre de que todos los cuadernos han sido reemplazados por pequeños dispositivos computarizados?, Respuesta: Es lo más probable
.
Me levanto de la silla, la espalda empieza a desconocer alguna otra postura que no sea estar sentada, se escuchan los cracks de la mala posición y de repente el sonido empieza a convertirse en una gama de tap tap tap tap, el ritmo puro de los teclados que al visitar cada habitación de mi casa me doy cuenta de que no he sido la única víctima ante tal situación, y esos tap tap tap se van extendiendo por toda la cuadra, por toda la región, por todo el país, por todo el mundo, submundos, galaxias, en fin. Muevo el mouse, quito el inhibido y otra vez al tap tap tap.
Vidrio: Es un fantasma que ronda en los lugares menos esperados, no es lo suficientemente denso como para ser un espejo y poder servirme como soporte para mirarme con detenimiento. Suele ser un timador pues es su transparencia que lo hace ser tan imprevisto, recuerdo que solo había dado 4 pasos mirando la entrada y fue un choque seco de mi cabeza contra el inesperado visitante que se interponía en mi camino, afortunadamente pude mantenerme en pie pues son esos golpes que te dejan sin oportunidad de reaccionar en lo absoluto.
A pesar de ser mi enemigo por excelencia, confirmo que su textura es tan frágil que me apena saber que cada vez uno no se puede fiar de éste por la ineficiencia en su resistencia. Quienes más tienen las de perder son las casas que están cerca de parques, estadios, y demás que practican el baseball y en operas en donde no suelen modular bien la intensidad de su Figaro. Pienso que son cobardes y por eso se desbaratan tan rápido, lástima que no tengamos las instrucciones de este rompecabezas que en verdad me molestaría terminar por mi cuenta.
Actuación: Todos se pararon mientras el elenco de Alguien voló sobre el nido del cucú empezaban a acercarse, sudados, extenuados, con sus voces anhelando una copa de whisky. El público gritaba y sus manos estaban a punto de romperse con tanto ruido que ocasionaban en cada golpe que ejercían entre ambas mientras más rápido, mejor. Dejando olvidado al Joel Benavides que yacía en una cama, casi vegetativo. Al pobre Billy que suicidándose no obtuvo la satisfacción de dejar embarazada a una mujer. A la enfermera Rada que detrás de esa máscara de orden era igual o una peor paciente que necesitaba de cuidados médicos. Y al jefe Anank que tras crear una relación de profunda amistad con Joel, lo había asesinado pues era por su bien. Y aún así, seguían los aplausos.
Recuerdo contigo pan y cebolla, la intensa concentración de los actores en no dejarse alterar por el público que entre risas y aplausos empezaban a adentrarse en el mismo escenario de la representación dada. Mientras en la habitación se veía a la abuela refunfuñando por su televisor viejo, a un padre que trataba de trabajar por el beneficio de su familia, las críticas y esperanzas de la madre y los hijos que de un momento a otro andaban felices o afligidos, la bipolaridad es un don. Y entre toda la actuación que se llevo a cabo en el 2010 recuerdo las situaciones pero no los nombres de sus personajes.
Ruido: TOC TOC, BRRRR, BOOM, KABOOM, IIIUUU IIIIUU, AAAAAH. Hay tantas maneras de que un sonido se torne en un ruido, pero acaso para muchos ¿existe siquiera el término? Para un residente de las Vegas, me pregunto si podría concebir esa definición. El ruido, ¿será acaso una molestia? Porque al parecer por exceso de “ruido” la policía es capaz de tocar a tu puerta y exigirte que te detengas pues estás alterando el orden público. ¿Desde cuándo hay un orden público? Las semanas pasan y en el vecindario día tras día se escucha la música que resuena en los oídos como suave melodía, el claxon de los carros que a media noche se ponen a competir unos con otros, el aullar de los perros del vecino que tratan de espantar o pelear con algún intruso aunque más con los gatos, la trompeta del loco y las discusiones del mismo con su hermano que suelen durar mínimo dos horas a menos que esté borracho. Hablando de borrachos, hay un grupo particular que suele estar sentado frente a la tienda y se ponen a gritar canciones como Viejo mi querido viejo y Tú, solo tú, llegas, me dejas y no vuelves. Tal vez logren hacer un repertorio de canciones propias pues algunas no las he escuchado. Muchos suelen molestarse o incomodarse cerca de una persona ruidosa pero eso les haría bien ya que así al menos no llamarían a la policía para que trate de bajar la intensidad de su voz.
Mi oído perfectamente modulado ya no percibe lo que vendría a ser ruido a menos que esté a lado de un parlante que este emitiendo sonidos que resuenan con más intensidad en mi cabeza, aunque admito que mi voz no es lo suficientemente chillona para compararse con éste pues las personas insisten que no me han escuchado, tienen oídos débiles y persisten con su: ¿Qué?, ¿Quéeeee?, No te escucho, acércate más o habla más fuerte. O será que simplemente tienen pereza de escuchar y desean que se los escriba pero temo que luego me digan que no entienden mi letra así que preferible es evitar comunicarse y disfrutar de lo que se conoce como ruido, ignorando muchos factores hasta ahora de la misma palabra.
Random: Lo que sea, cualquiera, etc. Cosas que simplemente aparecen como excusa para evitar un tema al cual tratamos de dar fin en donde de repente se interpone en mi memoria la idea de que alguna vez conocí a Melquíades y sus fabulosos inventos, por eso aún recuerdo la primera vez que observe hielo y me adentré en la alquimia, nunca fui tan ferviente como el Buendía por eso tal vez siempre fue el favorito de Melquíades. Solía mover mis caderas al ritmo de las danzas árabes y atraer muchas miradas pero no tantas como aquellos cadáveres que solían flotar por el río tratando de suministrar espanto en las personas para luego devorarlas.
En la plaza de Amsterdam, la mayor parte de los actos que observaba eran de música, magia, gente disfrazada y en donde pude experimentar el verdadero amor con la muerte, pues me atrajeron sus huesos, su capa negruzca y el leve contacto con su oz. Sentí el mismo escalofrío cuando las luces del cuarto se apagaban y aparecía una gama de puntos rojos, como salpullido que me mantenían a su entera disposición para evitar consumar el sueño. Las pesadillas fueron parte de mi niñez en donde las mejores escenas cinematográficas eras las que yo formaba parte sintiendo completa sincronía con la víctima, me pregunto ¿por qué nunca era el asesino?
En fin como decía o deje de decir nunca se le da un fin a lo random pues aparece de la forma menos esperada mientras escribes, hablas, cantas, un tipo de improvisación que suele ser convincente volviéndose temas de interés pues la última vez salió en una publicación en el periódico.
.
Me levanto de la silla, la espalda empieza a desconocer alguna otra postura que no sea estar sentada, se escuchan los cracks de la mala posición y de repente el sonido empieza a convertirse en una gama de tap tap tap tap, el ritmo puro de los teclados que al visitar cada habitación de mi casa me doy cuenta de que no he sido la única víctima ante tal situación, y esos tap tap tap se van extendiendo por toda la cuadra, por toda la región, por todo el país, por todo el mundo, submundos, galaxias, en fin. Muevo el mouse, quito el inhibido y otra vez al tap tap tap.
Vidrio: Es un fantasma que ronda en los lugares menos esperados, no es lo suficientemente denso como para ser un espejo y poder servirme como soporte para mirarme con detenimiento. Suele ser un timador pues es su transparencia que lo hace ser tan imprevisto, recuerdo que solo había dado 4 pasos mirando la entrada y fue un choque seco de mi cabeza contra el inesperado visitante que se interponía en mi camino, afortunadamente pude mantenerme en pie pues son esos golpes que te dejan sin oportunidad de reaccionar en lo absoluto.
A pesar de ser mi enemigo por excelencia, confirmo que su textura es tan frágil que me apena saber que cada vez uno no se puede fiar de éste por la ineficiencia en su resistencia. Quienes más tienen las de perder son las casas que están cerca de parques, estadios, y demás que practican el baseball y en operas en donde no suelen modular bien la intensidad de su Figaro. Pienso que son cobardes y por eso se desbaratan tan rápido, lástima que no tengamos las instrucciones de este rompecabezas que en verdad me molestaría terminar por mi cuenta.
Actuación: Todos se pararon mientras el elenco de Alguien voló sobre el nido del cucú empezaban a acercarse, sudados, extenuados, con sus voces anhelando una copa de whisky. El público gritaba y sus manos estaban a punto de romperse con tanto ruido que ocasionaban en cada golpe que ejercían entre ambas mientras más rápido, mejor. Dejando olvidado al Joel Benavides que yacía en una cama, casi vegetativo. Al pobre Billy que suicidándose no obtuvo la satisfacción de dejar embarazada a una mujer. A la enfermera Rada que detrás de esa máscara de orden era igual o una peor paciente que necesitaba de cuidados médicos. Y al jefe Anank que tras crear una relación de profunda amistad con Joel, lo había asesinado pues era por su bien. Y aún así, seguían los aplausos.
Recuerdo contigo pan y cebolla, la intensa concentración de los actores en no dejarse alterar por el público que entre risas y aplausos empezaban a adentrarse en el mismo escenario de la representación dada. Mientras en la habitación se veía a la abuela refunfuñando por su televisor viejo, a un padre que trataba de trabajar por el beneficio de su familia, las críticas y esperanzas de la madre y los hijos que de un momento a otro andaban felices o afligidos, la bipolaridad es un don. Y entre toda la actuación que se llevo a cabo en el 2010 recuerdo las situaciones pero no los nombres de sus personajes.
Ruido: TOC TOC, BRRRR, BOOM, KABOOM, IIIUUU IIIIUU, AAAAAH. Hay tantas maneras de que un sonido se torne en un ruido, pero acaso para muchos ¿existe siquiera el término? Para un residente de las Vegas, me pregunto si podría concebir esa definición. El ruido, ¿será acaso una molestia? Porque al parecer por exceso de “ruido” la policía es capaz de tocar a tu puerta y exigirte que te detengas pues estás alterando el orden público. ¿Desde cuándo hay un orden público? Las semanas pasan y en el vecindario día tras día se escucha la música que resuena en los oídos como suave melodía, el claxon de los carros que a media noche se ponen a competir unos con otros, el aullar de los perros del vecino que tratan de espantar o pelear con algún intruso aunque más con los gatos, la trompeta del loco y las discusiones del mismo con su hermano que suelen durar mínimo dos horas a menos que esté borracho. Hablando de borrachos, hay un grupo particular que suele estar sentado frente a la tienda y se ponen a gritar canciones como Viejo mi querido viejo y Tú, solo tú, llegas, me dejas y no vuelves. Tal vez logren hacer un repertorio de canciones propias pues algunas no las he escuchado. Muchos suelen molestarse o incomodarse cerca de una persona ruidosa pero eso les haría bien ya que así al menos no llamarían a la policía para que trate de bajar la intensidad de su voz.
Mi oído perfectamente modulado ya no percibe lo que vendría a ser ruido a menos que esté a lado de un parlante que este emitiendo sonidos que resuenan con más intensidad en mi cabeza, aunque admito que mi voz no es lo suficientemente chillona para compararse con éste pues las personas insisten que no me han escuchado, tienen oídos débiles y persisten con su: ¿Qué?, ¿Quéeeee?, No te escucho, acércate más o habla más fuerte. O será que simplemente tienen pereza de escuchar y desean que se los escriba pero temo que luego me digan que no entienden mi letra así que preferible es evitar comunicarse y disfrutar de lo que se conoce como ruido, ignorando muchos factores hasta ahora de la misma palabra.
Random: Lo que sea, cualquiera, etc. Cosas que simplemente aparecen como excusa para evitar un tema al cual tratamos de dar fin en donde de repente se interpone en mi memoria la idea de que alguna vez conocí a Melquíades y sus fabulosos inventos, por eso aún recuerdo la primera vez que observe hielo y me adentré en la alquimia, nunca fui tan ferviente como el Buendía por eso tal vez siempre fue el favorito de Melquíades. Solía mover mis caderas al ritmo de las danzas árabes y atraer muchas miradas pero no tantas como aquellos cadáveres que solían flotar por el río tratando de suministrar espanto en las personas para luego devorarlas.
En la plaza de Amsterdam, la mayor parte de los actos que observaba eran de música, magia, gente disfrazada y en donde pude experimentar el verdadero amor con la muerte, pues me atrajeron sus huesos, su capa negruzca y el leve contacto con su oz. Sentí el mismo escalofrío cuando las luces del cuarto se apagaban y aparecía una gama de puntos rojos, como salpullido que me mantenían a su entera disposición para evitar consumar el sueño. Las pesadillas fueron parte de mi niñez en donde las mejores escenas cinematográficas eras las que yo formaba parte sintiendo completa sincronía con la víctima, me pregunto ¿por qué nunca era el asesino?
En fin como decía o deje de decir nunca se le da un fin a lo random pues aparece de la forma menos esperada mientras escribes, hablas, cantas, un tipo de improvisación que suele ser convincente volviéndose temas de interés pues la última vez salió en una publicación en el periódico.
jueves, 30 de junio de 2011
La metamorfosis del arlequín
Expediente número 23: Vuelven los quejidos e intensos gritos nocturnos, la movilidad es pobre, la boca permanece abierta como si constantemente tuviese hambre o careciera de oxígeno. Visibilidad casi improbable. No percibe a las personas a su alrededor a pesar de esos inmensos ojos pardos, no teme a nada pues aún es leve su conocimiento de lo externo.
He pasado quince años de mi vida, ejerciendo como doctor, la verdad ahora no sabría que otras reacciones esperar de mi persona pues nunca me acostumbre a ser un agente insensible con el sufrimiento de mi paciente, he de admitir que doctores como yo ya no hay. No es que trate de ser superior a los otros pues a lo mejor esa metodología de simplemente tratar de resolver la enfermedad aplicando un diagnóstico adecuado y dando las medicinas factibles para su uso es lo que se debería realizar para entablar una relación profesional entre paciente y doctor.
Me era imposible evitarlo pues aquella criatura tenía uno de los muchos males que aún en la medicina se nos hace tan desconocidos para curar, las enfermedades suelen ser terminales y está no es una excepción, pues se presento este caso en una situación muy común. Jóvenes enamorados tratando de demostrar su amor a través del convencionalismo de entregarse el uno al otro sin conocer los antecedentes previos de la pareja, así se dio la terminación de una relación de pocos días y la concepción de una criatura que ahora tiene 5 meses de nacida. Lo mucho que perjudica la decisión entre dos personas.
Estaba en un cuarto particular, en su respectiva cuna. Su madre ya no la visitaba con frecuencia, le tenía miedo, su aspecto no era favorable en lo absoluto y su mayor fobia fue su nacimiento, el saber que en todo ese tiempo tuvo, “esa cosa metida en mis entrañas alimentándose plácidamente”. Solo podía recordar sus palabras y el hecho de saber que si ella hubiese tenido la oportunidad, el aborto era la opción más benévola que le ofrecía a una criatura como tal.
El nombre de la enfermedad me parecía irrelevante pero a ciertas personas les da curiosidad el saber qué tipo de características debía de tener para ser reconocido como un arlequín. Recuerdo que siempre tuve una fascinación por aquellos personajes pues de joven solía ir al teatro y un día me tope con uno de atuendo colorido, una máscara que le cubría totalmente el rostro y un sombrero que solía variar a preferencia del público de lo cual disfrutaba más el que tenía tres puntas abiertas como una cáscara de banana al revés, que se ajustaba perfectamente a la cabeza de este individuo. Al contrario de ella, que su condición no ponía ninguna sonrisa en mi rostro y su intención no era hacerlo, todo su cuerpo estaba compuesto de escamas, de protuberancias, que la hacían difícil de cuidar pues nadie quería acercarse a ella, por otro lado yo, dentro de todo ese lapso, estuve a su lado y trate de cuidarla como pude, no creo poder hacer más por ella.
Se quebraron todos los cristales, el caos ha iniciado, las personas en los pasillos desaparecen ante la conmoción, aún no se sabe si ha sido un terremoto, una explosión o un atentado por los impuestos que aún no se pagan. La niña debe estar aterrada, lo primordial es sacarla de aquí y ocuparnos del resto luego. Al llegar a la habitación y revisar la cuna no la he encontrado, solo hay rastros de piel carcomida, de escamas expuestas, un poco de baba espesa mezcladas con sangre, como si la piel se le hubiese desprendido. Ni un rastro de la bebe.
De repente he podido divisar la imagen de una joven, de piel pálida, cuerpo de doncella con una bata blanca que al parecer recién había adquirido, con cabellos plateados y aquellos ojos que la han delatado. Ha notado mi presencia y yo la he percibido completamente, sé quién es, se que ahora todo está perdido pues se la verdad de su origen y además presiento el propósito de su cambio pero ya es demasiado tarde, ella se aleja mientras por otro lado mi cuerpo suda, mis pupilas se nublan, pierdo el equilibrio y así mis obras son recompensadas, todo es caos, todo es silencio.
He pasado quince años de mi vida, ejerciendo como doctor, la verdad ahora no sabría que otras reacciones esperar de mi persona pues nunca me acostumbre a ser un agente insensible con el sufrimiento de mi paciente, he de admitir que doctores como yo ya no hay. No es que trate de ser superior a los otros pues a lo mejor esa metodología de simplemente tratar de resolver la enfermedad aplicando un diagnóstico adecuado y dando las medicinas factibles para su uso es lo que se debería realizar para entablar una relación profesional entre paciente y doctor.
Me era imposible evitarlo pues aquella criatura tenía uno de los muchos males que aún en la medicina se nos hace tan desconocidos para curar, las enfermedades suelen ser terminales y está no es una excepción, pues se presento este caso en una situación muy común. Jóvenes enamorados tratando de demostrar su amor a través del convencionalismo de entregarse el uno al otro sin conocer los antecedentes previos de la pareja, así se dio la terminación de una relación de pocos días y la concepción de una criatura que ahora tiene 5 meses de nacida. Lo mucho que perjudica la decisión entre dos personas.
Estaba en un cuarto particular, en su respectiva cuna. Su madre ya no la visitaba con frecuencia, le tenía miedo, su aspecto no era favorable en lo absoluto y su mayor fobia fue su nacimiento, el saber que en todo ese tiempo tuvo, “esa cosa metida en mis entrañas alimentándose plácidamente”. Solo podía recordar sus palabras y el hecho de saber que si ella hubiese tenido la oportunidad, el aborto era la opción más benévola que le ofrecía a una criatura como tal.
El nombre de la enfermedad me parecía irrelevante pero a ciertas personas les da curiosidad el saber qué tipo de características debía de tener para ser reconocido como un arlequín. Recuerdo que siempre tuve una fascinación por aquellos personajes pues de joven solía ir al teatro y un día me tope con uno de atuendo colorido, una máscara que le cubría totalmente el rostro y un sombrero que solía variar a preferencia del público de lo cual disfrutaba más el que tenía tres puntas abiertas como una cáscara de banana al revés, que se ajustaba perfectamente a la cabeza de este individuo. Al contrario de ella, que su condición no ponía ninguna sonrisa en mi rostro y su intención no era hacerlo, todo su cuerpo estaba compuesto de escamas, de protuberancias, que la hacían difícil de cuidar pues nadie quería acercarse a ella, por otro lado yo, dentro de todo ese lapso, estuve a su lado y trate de cuidarla como pude, no creo poder hacer más por ella.
Se quebraron todos los cristales, el caos ha iniciado, las personas en los pasillos desaparecen ante la conmoción, aún no se sabe si ha sido un terremoto, una explosión o un atentado por los impuestos que aún no se pagan. La niña debe estar aterrada, lo primordial es sacarla de aquí y ocuparnos del resto luego. Al llegar a la habitación y revisar la cuna no la he encontrado, solo hay rastros de piel carcomida, de escamas expuestas, un poco de baba espesa mezcladas con sangre, como si la piel se le hubiese desprendido. Ni un rastro de la bebe.
De repente he podido divisar la imagen de una joven, de piel pálida, cuerpo de doncella con una bata blanca que al parecer recién había adquirido, con cabellos plateados y aquellos ojos que la han delatado. Ha notado mi presencia y yo la he percibido completamente, sé quién es, se que ahora todo está perdido pues se la verdad de su origen y además presiento el propósito de su cambio pero ya es demasiado tarde, ella se aleja mientras por otro lado mi cuerpo suda, mis pupilas se nublan, pierdo el equilibrio y así mis obras son recompensadas, todo es caos, todo es silencio.
jueves, 23 de junio de 2011
Instrucciones para desenterrar un cadáver
Primordialmente debe asegurarse de que el cadáver tenga menos de 5 meses de estar enterrado porque dentro de ese tiempo aún puede ser partícipe de su descomposición, del aroma estupefaciente de sus dientes maltrechos, las marcas de cirugías que lentamente se van desubicando para poder tocar con firmeza aquellas grasas flácidas de pus tibia. Es por eso que recomiendo esto a aquellos aptos de soportar la compañía de las almas de los difuntos, personas con una curiosidad amena que cumplan con las instrucciones hasta el final, de lo contrario no ofrezco que permanezcan con vida por más de un año, además, asegurarse de no tener ningún problema de salud y finalmente por ningún motivo sonreír o coquetear con el muerto, ha de entender de que si lo hace las consecuencias serán mortíferas de tal modo que no se sorprenda usted ser quien ocupe su lugar o si uno de sus descendientes llegase a tener aquella semilla que mata al embrión y lo expulsa antes de tiempo.
Reconozcamos en dónde puede uno encontrarse un cadáver, en una urna (pero como nos interesa saber su aspecto las dejamos a un lado), en un ataúd, en la tierra, en una caja de 4 x 4, en el fondo de una piscina, en la casa del vecino que suele invitarlos a pasar la noche, en una funda de basura de las que venden en el supermercado, extraviándose y formando parte de aquella montaña de olores que pierde a nuestro ilustre amigo. Pero el objetivo directo de estas instrucciones es cómo desenterrarlo y por eso me tomaré la molestia de detallarle los pasos con la esperanza que no cuestione mis métodos y realice los procedimientos adecuados.
Hay ciertos detalles que usted mismo puede planificar, lo fundamental es los que le indicaré, lea con atención:
1. Halle un sinnúmero de ataúdes que estén localizados de forma comunal, tanto horizontal como verticalmente, recuerde que la separación entre cada tumba estará delimitada por las lápidas de concreto que suelen ubicar en la tierra.
2. Ubíquese frente a la tumba que ha decidido profanar y empiece a dar saltos adversos a las agujas del reloj emitiendo gritos. Agregue lágrimas para que sea más efectivo y logre reconocer que usted acepta la superioridad de estos seres.
3. Flexione sus rodillas de tal forma que estas toquen el suelo y ejerzan un contacto completo con la tierra aunque esta esté mojada o seca.
4. Empiece a tomar la tierra con sus manos, lanzándola sobre su hombro diestro cada vez que realice esta acción, si sus dedos empiezan a sangrar por la presión, no se preocupe eso quiere decir que está cerca de su objetivo.
5. No use ninguna mascarilla para protegerse del aroma del cadáver, debe atenerse a aceptar el hedor que le ofrece para así pasar a un estado de iluminación en donde usted perderá la cordura y empezará a emitir palabras rudimentarias.
6. Al encontrar la superficie del ataúd, ponga sus manos en una posición similar a cuando realiza flexiones, con las rodillas entre estas y la frente tocando el féretro.
7. De dos ligeros golpes con su cabeza para liberarse de su trance.
8. Levante con sumo cuidado la tapa del ataúd.
9. Acorte la distancia que ejerzan usted y su muerto. Obsérvelo, aprécielo, recuérdelo.
Con estas simples indicaciones usted habrá logrado desenterrar un cadáver, las intenciones que tenga con este ser son secundarias pero no olvide que ante ninguna circunstancia debe tocar sus párpados porque sino advierto que tendrá una ceguera permanente que será consumida por la imagen consecutiva de este muerto, a menos que esa sea su intención.
Reconozcamos en dónde puede uno encontrarse un cadáver, en una urna (pero como nos interesa saber su aspecto las dejamos a un lado), en un ataúd, en la tierra, en una caja de 4 x 4, en el fondo de una piscina, en la casa del vecino que suele invitarlos a pasar la noche, en una funda de basura de las que venden en el supermercado, extraviándose y formando parte de aquella montaña de olores que pierde a nuestro ilustre amigo. Pero el objetivo directo de estas instrucciones es cómo desenterrarlo y por eso me tomaré la molestia de detallarle los pasos con la esperanza que no cuestione mis métodos y realice los procedimientos adecuados.
Hay ciertos detalles que usted mismo puede planificar, lo fundamental es los que le indicaré, lea con atención:
1. Halle un sinnúmero de ataúdes que estén localizados de forma comunal, tanto horizontal como verticalmente, recuerde que la separación entre cada tumba estará delimitada por las lápidas de concreto que suelen ubicar en la tierra.
2. Ubíquese frente a la tumba que ha decidido profanar y empiece a dar saltos adversos a las agujas del reloj emitiendo gritos. Agregue lágrimas para que sea más efectivo y logre reconocer que usted acepta la superioridad de estos seres.
3. Flexione sus rodillas de tal forma que estas toquen el suelo y ejerzan un contacto completo con la tierra aunque esta esté mojada o seca.
4. Empiece a tomar la tierra con sus manos, lanzándola sobre su hombro diestro cada vez que realice esta acción, si sus dedos empiezan a sangrar por la presión, no se preocupe eso quiere decir que está cerca de su objetivo.
5. No use ninguna mascarilla para protegerse del aroma del cadáver, debe atenerse a aceptar el hedor que le ofrece para así pasar a un estado de iluminación en donde usted perderá la cordura y empezará a emitir palabras rudimentarias.
6. Al encontrar la superficie del ataúd, ponga sus manos en una posición similar a cuando realiza flexiones, con las rodillas entre estas y la frente tocando el féretro.
7. De dos ligeros golpes con su cabeza para liberarse de su trance.
8. Levante con sumo cuidado la tapa del ataúd.
9. Acorte la distancia que ejerzan usted y su muerto. Obsérvelo, aprécielo, recuérdelo.
Con estas simples indicaciones usted habrá logrado desenterrar un cadáver, las intenciones que tenga con este ser son secundarias pero no olvide que ante ninguna circunstancia debe tocar sus párpados porque sino advierto que tendrá una ceguera permanente que será consumida por la imagen consecutiva de este muerto, a menos que esa sea su intención.
miércoles, 1 de junio de 2011
Cicatriz de carne II
Posiblemente el tiempo haya jugado mucho con los recuerdos que poseía, pues ahí estaba ella, se encontraba con aquella mirada ausente, perdida en uno de sus libros, extraviándose entre las líneas del texto y empezando a ver imágenes que le susurraban, la acosaban, la atraían hacia un mundo de fantasía y siempre llegaba él, un gallardo mago con antifaz que la invitaba a permanecer a su lado, en silencio, mientras el entorno se distorsionaba a voluntad y ella volvía a despertar abruptamente.
Revisaba las páginas tratando de ubicarlo inútilmente hasta luego suspirar y ceder ante las sensaciones que impregnaban los contextos de vasta complicación, sus manos temblorosas posándose en sus caderas mientras su cuerpo reposaba contra el muro delicadamente convirtiéndola en cristal ante su figura endeble. Aquel respirar lento no encontraba tranquilidad o sincronía con su corazón, pues sus labios lentamente empezaban a entablar conversaciones imaginarias, pensando que al darse la vuelta él aparecería y la tomaría entre sus brazos, haciéndola suya, dejándola exhausta y finalmente sacándola de aquella realidad que le aburría por su excesiva monotonía.
Los comienzos suelen ser los que ocasionan aquellas ilusiones, en donde los ojos se entrecierran y no deja que la luz traspase en su totalidad. Nuevamente era el momento, porque todo solía ocurrir dos horas antes de la medianoche, los escapes en donde se encerraba en la biblioteca se volvían más constantes y los lapsos en donde sus lecturas eran cortas, pues ya la costumbre le había permitido a sus ojos hallar las páginas donde él estaba, para nuevamente regresar a un sueño que empezaba a extenderse. Finalizaba antes de que el reloj cesara el movimiento convirtiéndose en ruido, un ruido estridente que era ocasionado por la alarma de algún carro o el incesante pleito de los vecinos, en esos momentos yacía de vuelta en su cama con las manos sujetando las páginas de algún libro con fuerza, desquebrajando los bordes y dañando su fino aroma a nuevo.
Empezaba a evitar los espejos, pasaba cerca de estos y sentía como si en ellos se reflejaran una sombra multicolor de proporciones falsas. Un día, por alguna razón, sintió unas extrañas urgencias de verse, se sentía extraviada y sus memorias no le ayudaban a recordar su verdadera imagen. Había pasado la mayor parte de su tiempo en aquellas realidades estrechas pues no podía desafiar los juegos de su anfitrión que elegía por donde guiarla a tal punto que a veces la dejaba extraviada a propósito. Había un encanto propio de él hacia la cara de espanto de su víctima, sin olvidar cómo le atraían sus lágrimas que solían dejarla expuesta a ser ofuscada por los otros bultos de papel que se formaban a su alrededor. Al volver a lado de ese ser que la dejaba esperar, se percataba como cada vez él fijaba el momento de buscarla y cómo las acciones la volvían más sumisa a constiparse vehementemente entre sus cuerdas de titiritero.
Y ante su reflejo, un grito corto el encanto de esa mañana soleada y sus manos se posicionaron en sus labios pálidos, tratando de ocultar aquel sonido que la llevaría a ser partícipe de interrogatorios exhaustivos y exámenes minuciosos. Sus pupilas estaban desapareciendo, era imposible distinguir el color castaño que alguna vez tuvieron, temía parpadear pues el presentimiento de que se desvanecieran era probable, sus uñas se clavaban con fuerza contra su piel mientras su mente la estaba obligando a regresar a aquel mundo en donde un canto de melodías fúnebres la atraparía para no soltarla. Su cuerpo había generado una adicción a ese mundo de fantásticos seres irreales que solían incitarla a volver.
Notó que habían suturas en ciertas facciones de su imagen, sus uñas se iban clavando cada vez más mientras su voluntad imperaban a sus ojos en permanecer abiertos. Los libros dejaron de ser necesarios para poder mirar al reverso del papel, así fue que antes de la hora acordada su cuerpo empezó a trasladarse hacia el balcón en donde solían permanecer sentados, ofreciéndose un amor irreal pero irremplazable, hasta ese momento. Las puertas que daban hacia ese lugar estaban entreabiertas por lo que notó sin necesidad de mirar al otro lado como aquel sol propicio de calidez le mostraba sombras que mutuamente se estaban corrompiendo y complementando, permitiéndole saber la farsa de la realidad a la cual era parte, sus ojos seguían evocando aquel paisaje que empezaba a quemar su cuerpo, propiciándole muerte.
Se sintió sucia, inmunda, su propia carne olía a bacalao mientras empezaba a comprender las acciones que este ser propicio de virtudes mágicas hizo, apresándola en su caja de trucos baratos hasta ese momento que había encontrado la forma de encontrar la cortina en donde se deshacen los espejismos. Ya era demasiado tarde, se había perjudicado a más no poder al creer sus mentiras y a pretender imaginar que saldrían palomas de su traje, sus intenciones eran claras y su deseo era abismal pues no logró conformarse nunca, sus ayudantes al parecer eran varias y como tales debían servirle.
Aquella conexión lentamente se fue perdiendo por aquellas sutiles lágrimas que empezaban a brotar nublando la entrada, mientras aprovechando el descuido, buscó un frasco de alfileres con las puntas de los dedos ligeramente entumecidos y empezó a clavarlos en sus pupilas que eran la causa de que sus visitas a ese sitio se frecuentaran. Así fue cómo su voz se iba apagando en un llanto dulce y las pupilas finalmente se estancaron de tal forma que no volverían a olvidar los últimos recuerdos que le quedaron de su habitación, del cual ahora solo formaban parte, las hojas carcomidas y el trastorno por usar aquella chaqueta blanca que le ajustaban al cuerpo.
Revisaba las páginas tratando de ubicarlo inútilmente hasta luego suspirar y ceder ante las sensaciones que impregnaban los contextos de vasta complicación, sus manos temblorosas posándose en sus caderas mientras su cuerpo reposaba contra el muro delicadamente convirtiéndola en cristal ante su figura endeble. Aquel respirar lento no encontraba tranquilidad o sincronía con su corazón, pues sus labios lentamente empezaban a entablar conversaciones imaginarias, pensando que al darse la vuelta él aparecería y la tomaría entre sus brazos, haciéndola suya, dejándola exhausta y finalmente sacándola de aquella realidad que le aburría por su excesiva monotonía.
Los comienzos suelen ser los que ocasionan aquellas ilusiones, en donde los ojos se entrecierran y no deja que la luz traspase en su totalidad. Nuevamente era el momento, porque todo solía ocurrir dos horas antes de la medianoche, los escapes en donde se encerraba en la biblioteca se volvían más constantes y los lapsos en donde sus lecturas eran cortas, pues ya la costumbre le había permitido a sus ojos hallar las páginas donde él estaba, para nuevamente regresar a un sueño que empezaba a extenderse. Finalizaba antes de que el reloj cesara el movimiento convirtiéndose en ruido, un ruido estridente que era ocasionado por la alarma de algún carro o el incesante pleito de los vecinos, en esos momentos yacía de vuelta en su cama con las manos sujetando las páginas de algún libro con fuerza, desquebrajando los bordes y dañando su fino aroma a nuevo.
Empezaba a evitar los espejos, pasaba cerca de estos y sentía como si en ellos se reflejaran una sombra multicolor de proporciones falsas. Un día, por alguna razón, sintió unas extrañas urgencias de verse, se sentía extraviada y sus memorias no le ayudaban a recordar su verdadera imagen. Había pasado la mayor parte de su tiempo en aquellas realidades estrechas pues no podía desafiar los juegos de su anfitrión que elegía por donde guiarla a tal punto que a veces la dejaba extraviada a propósito. Había un encanto propio de él hacia la cara de espanto de su víctima, sin olvidar cómo le atraían sus lágrimas que solían dejarla expuesta a ser ofuscada por los otros bultos de papel que se formaban a su alrededor. Al volver a lado de ese ser que la dejaba esperar, se percataba como cada vez él fijaba el momento de buscarla y cómo las acciones la volvían más sumisa a constiparse vehementemente entre sus cuerdas de titiritero.
Y ante su reflejo, un grito corto el encanto de esa mañana soleada y sus manos se posicionaron en sus labios pálidos, tratando de ocultar aquel sonido que la llevaría a ser partícipe de interrogatorios exhaustivos y exámenes minuciosos. Sus pupilas estaban desapareciendo, era imposible distinguir el color castaño que alguna vez tuvieron, temía parpadear pues el presentimiento de que se desvanecieran era probable, sus uñas se clavaban con fuerza contra su piel mientras su mente la estaba obligando a regresar a aquel mundo en donde un canto de melodías fúnebres la atraparía para no soltarla. Su cuerpo había generado una adicción a ese mundo de fantásticos seres irreales que solían incitarla a volver.
Notó que habían suturas en ciertas facciones de su imagen, sus uñas se iban clavando cada vez más mientras su voluntad imperaban a sus ojos en permanecer abiertos. Los libros dejaron de ser necesarios para poder mirar al reverso del papel, así fue que antes de la hora acordada su cuerpo empezó a trasladarse hacia el balcón en donde solían permanecer sentados, ofreciéndose un amor irreal pero irremplazable, hasta ese momento. Las puertas que daban hacia ese lugar estaban entreabiertas por lo que notó sin necesidad de mirar al otro lado como aquel sol propicio de calidez le mostraba sombras que mutuamente se estaban corrompiendo y complementando, permitiéndole saber la farsa de la realidad a la cual era parte, sus ojos seguían evocando aquel paisaje que empezaba a quemar su cuerpo, propiciándole muerte.
Se sintió sucia, inmunda, su propia carne olía a bacalao mientras empezaba a comprender las acciones que este ser propicio de virtudes mágicas hizo, apresándola en su caja de trucos baratos hasta ese momento que había encontrado la forma de encontrar la cortina en donde se deshacen los espejismos. Ya era demasiado tarde, se había perjudicado a más no poder al creer sus mentiras y a pretender imaginar que saldrían palomas de su traje, sus intenciones eran claras y su deseo era abismal pues no logró conformarse nunca, sus ayudantes al parecer eran varias y como tales debían servirle.
Aquella conexión lentamente se fue perdiendo por aquellas sutiles lágrimas que empezaban a brotar nublando la entrada, mientras aprovechando el descuido, buscó un frasco de alfileres con las puntas de los dedos ligeramente entumecidos y empezó a clavarlos en sus pupilas que eran la causa de que sus visitas a ese sitio se frecuentaran. Así fue cómo su voz se iba apagando en un llanto dulce y las pupilas finalmente se estancaron de tal forma que no volverían a olvidar los últimos recuerdos que le quedaron de su habitación, del cual ahora solo formaban parte, las hojas carcomidas y el trastorno por usar aquella chaqueta blanca que le ajustaban al cuerpo.
martes, 24 de mayo de 2011
Pabellón de plumas y la mirada de un torero
A los 9 años de edad, no me entusiasmaba la idea de emplear 8 horas en ir en un vaivén de curvas, vueltas, pasajes, virajes, paradas y demás hasta llegar a Ambato, la tierra de las flores y frutas. Desaprobé completamente este inicio tradicional en mi familia porque desde esa edad siempre sentí una ligera fobia a permanecer por más de 3 horas en movimiento sin tocar el suelo, el mareo era constante, el cuerpo frío y pálido ansiaba algún rastro de sol entre esa bruma tan espesa que brindaba el paisaje y la intensidad de árboles que prescindían una continuidad en el camino con aquella abundancia de natura infinita escondiendo algunos animales de diversos tamaños, raras veces noté algunas cabañas entre esos largos caminos de piedra que nos hacía mover constantemente en el asiento del bus, perjudicando a mi cuerpo que tembloroso buscaba refugio en la protección de los brazos maternos tratando de permanecer dormida la mayor parte del trayecto.
Recuerdo cuando baje del bus, respiré aquel aire frío, dejándome intoxicar por la alergia que sentía hacia el clima, pues mis pulmones tenían una debilidad ante aquellas temperaturas, en donde la nariz se estancaba en un mar corrosivo de secreción verdosa. El terminal estaba congestionado de camionetas, algunas personas cargando equipajes en donde más que ropa notaba víveres y más que víveres sobrepoblaban gallinas. Sus plumas, cubriendo un suelo lodoso que con este toque pintoresco, parecía una alfombra, mientras por otro lado tratábamos de coger las pocas maletas que traíamos conjunto con el Mickey Mouse quien era mi confidente y aliado a nuevas experiencias, y así como un altoparlante llamábamos a quien conocían como “torero” quien fue para mí, mi abuelo. Desde aquel día hasta entonces supe que su mirada tono lila, sus manos recias que dieron flexibilidad a mis mejillas y su sombrero de copa serían los rasgos que jamás me harían olvidarlo.
Desde Ambato hasta Pelileo era otra hora de recorrido, el cual como era de esperarse lo hicimos en una camioneta. He olvidado el camino de aquel entonces pero sí está latente el recuerdo de haber pasado por el viejo Pelileo, las historias de su terremoto y las imágenes de los ladrillos revueltos, techos desplomados, casas abandonadas, fueron imposibles de olvidar, pues el silencio dominaba a los habitantes sin cuerpo y lo único que quedaban eran memorias dolorosas y sonrisas forzadas para cubrir la catástrofe.
La travesía había terminado, el sol no apareció ese día y de repente un fulgor vivaz ocupó la casa en donde los cambios que se han ido dando a través de los años han sido posiblemente por quienes ahora forman parte de una ciudad a la que no hemos de llegar sino hasta que el reloj detenga su movimiento. Pero, uno nunca olvida, jamás, aquella primera vez en que un lugar te acoge y se vuelve un hogar. Los peldaños de cemento con una puerta de caoba que hacían una conexión entre la calle y la entrada de un pequeño patio que daba hacia ésta. La subdivisión de la casa, en esos tiempos fue un genuino laberinto pues había tantos cuartos y tantas personas que lo ocupaban, no solo fue la familia sino también aquellos que se volvieron miembros allegados a ésta, pues la generosidad que siempre habito en un torero de huesos firmes era tal que a veces temía que se excediera en ella.
La tienda de caramelos, fue un lugar predilecto y de absoluto regocijo en aquellas épocas, por ser nietos del dueño podíamos escabullirnos y sin réplicas ni reclamos aparecían montañas de golosinas, chocolates, chicles, ni en una fábrica de caramelos dan tantos recuerdos como estos, aunque con tantas tentaciones se me hace extraño imaginarme cómo es que mi dentadura aún sigue en condiciones muy favorables para una niña cuya infancia habito en una tienda de ensueños.
En esos momentos note lo entretenido que era descubrir los pasadizos que llevaban de una habitación a otra, pues nada era como debía, quienes no estaban dejaban rastros de su presencia hasta luego reaparecer en algún otro rincón de la casa de mil puertas.
El interior me entretuvo tanto que ocupe luego 3 días a satisfacer mi curiosidad por el exterior, acompañada de mi hermano y mi abuelo, pues desde que lo conocí no me desprendía de su lado. La noche del viernes y la mañana del sábado de aquel año quedaron intactas en mi mente.
El viernes, la noche, la ocupaban para abrir una feria que quedaba contigua a la casa, fue un año en donde pude conocer diversiones que nunca había experimentado en Guayaquil. Tuve la oportunidad de subirme a una rueda de la fortuna y saber cómo es estar en la cima del mundo. Ese día además pude observar como muchas personas iban y venían con sus hijos que de la emoción no querían irse, renegando a la hora de partir pero ya los entretenimientos eran consecutivos y además las manzanas de caramelo y el algodón de azúcar se habían agotado sin olvidar el dinero que cada padre usó para los pequeños consentimientos de los niños.
El sábado siempre se ha hecho una venta comunal en donde todas las personas de Pelileo salen a vender legumbres, frutas, ropa, víveres y demás, dándose a conocer entre los habitantes que llenaban la plaza convirtiéndola en un festival en donde cada uno aprovechaba a cualquier peatón que pasaba para intrigarlos con propuestas y regateos que eran imposibles de rechazar a tal punto que al menos de todo ese recorrido, salías inconscientemente con una bolsa en la mano.
Todos esos fueron los primeros indicios de viajes que se daban cada año, desde ese momento, pacientemente y con valentía espere cada marzo de vacaciones con una bolsa de dulces en la mano para estar preparada y regresar a una casa con aquellas 5 personas que lograron ser quienes ocuparon la mayor parte de los recuerdos de mi existencia.
martes, 3 de mayo de 2011
Ya era de esperar ... "Es idéntica a su progenitor "
Reduzco la letra a tal punto que no se torne visible para mis ojos y solo me deje guiar por los movimientos confusos de los cuadrados del teclado que buscan con interés el autorretrato perdido entre letras. Me es difícil respirar pues hace frío, nací con pulmones débiles en donde siempre habitó el humo de un carro, de un cohete, de un cigarro, un cajón de olores concentrados. El iris se disfraza como el semblante de una estatua, fue perdiendo su tono desde que aprendió lo que significa el grito de un parto en la sala quirúrgica, nunca quisieron dejarse ver ante nadie pues el exterior lograba trastornar la mente envolviéndola en la más inocente curiosidad y llegó el momento que quebró el reflejo del sórdido plasma mitigante. Aún surgían las dudas del ¿por qué de mi figura?, del ¿por qué de mis silencios?, hasta luego arrepentirse tentando a la inestable melodía de las campanas tomar un rumbo comunal y romper la copa que yacía hace mucho plasmado en un papiro.
Nótese el cambio que ejerció la piel al probar las caricias de pinceladas abstractas que dio la propia natura en mi persona, al parecer no obtuve la imagen deseada al pisar la primera baldosa, los cambios debían darse, la tez no era correspondiente, debía ser puesta a semejanza de mis orígenes, pero lo que no se esperaban era de que aquellos rasgos de diversificación iban a tergiversar de forma oblicua, sé que soy la separación de la línea que dice ser la mitad del mundo, de rasgos costeños y serranos que eligió constituirse en un solo ser que optó por tomar ambas identidades.
Algunos dicen ser grandes, otros dicen ser enanos, preferiblemente prefiero ser de estatura ideal pues al parecer la mujer yace en un plano en que no puede ser como ella desea, surgen las restricciones pero no las motivaciones de desear ser lo que un espejo de festival muestra, nunca tuve la oportunidad de posar mi mirada en uno de ellos o darme ilusiones en hacerlo porque luego caería atrapada ante quien no soy, sintiendo envidia de aquella otra imagen que se burlaba airosa del otro lado.
Los huesos son pesados de proporciones inexactas que niegan que observe la estructura biológica que adopté desde el comienzo, los recuerdos no se ofrecen a ayudarme en aquello. Dedos de pianista, el rostro se debe discernir ante la percepción que poseo de este, puede ser como muchos otros y al mismo tiempo no es de ninguno. Así está la pintura colgada entre la sintaxis, mostrando una sonrisa pícara y desvaneciéndose a voluntad.
¿Qué saco con decir mi nombre? La identidad es solo una sombra de la realidad de otro.
Prefiero decir frases de lo más recóndito de mi mente, las cuales he decido compartir con la intención de que no me conozcan y se tarden más en lograr hacerlo.
Quisiera disipar esas imágenes, ver todo tinte púrpura, mis oídos meros agujeros en donde el viento es rechazado al igual que las palabras.
Admito que dudo, que fallo y por ello me aterra enterarme que mi humanidad se asienta más como un rasgo intocable.
Seres de papel que rondan en aquella llanura de cacao, sin sabor ni aroma.
Fue un retrato irreal, de azúcar morena en donde yacía la imagen de una máscara que cubría un cráneo.
Soy (....)
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